Suficientemente buena. Eso era algo que creí que nunca me
sentiría, suficientemente buena para algo. Porque siempre fui la pieza que no
encajaba, la nota que desentonaba, la fea mancha en el tapiz hermosamente
decorado.
Y sin embargo, un día cualquiera, un día que esperas que sea
igual al resto… todo cambia. Un simple hecho, una decisión que nunca creía ser
capaz de tomar vuelca tu mundo, lo sacude, lo transmuta… Y te das cuenta de que
lo anterior a eso fue absurdo: las noches temblando, llorando en la cama
deseando esfumarte; el miedo y la agitación al salir a la calle, a enfrentarte
a ese mundo que nunca te aceptó, que siempre te rechaza…
Te das cuenta de que la vida puede ser buena, a pesar del
precio de nuestro sufrimiento hasta ese momento. Y que lo que sufres te enseña
a escoger, a ver aquello que realmente es bueno para ti. Y es en ese instante,
en el que entiendes que mereció la pena. Porque si las cosas no se hubiesen
desarrollado de esa forma, nunca hubieras podido comprender en su totalidad que
lo eres, eres suficientemente bueno para pertenecer a algo más grande, algo que puede que ni siquiera entiendas, pero está ahí, y siempre lo estuvo.
Pase lo que pase,
I feel good enough.
Así he pasado yo gran parte de mi vida...hasta hace unos años. Muy buena la entrada :)
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