Estoy cansada, agotada, y con menor nivel de concentración de costumbre.
Y eso es malo.
Desastroso. Porque eso me recuerda a ti, a ti, ser al que di nombre un día que estaba inspirada. A ti, a quien ni siquiera conozco y eres al que más añoro.
Me pregunto cómo... ¿se puede recordar un tacto que no ha sido probado con esta piel? ¿El color de unos iris que nunca han sido vistos con estos ojos? ¿El sonido de una voz nunca escuchada en esta vida?
Hay flashes, recuerdos. Son míos. Son sobre ti. Pero no son de este cuerpo. No de esta vida. Aún no hemos creado esos recuerdos. Y, sin embargo, siento que hemos vivido tanto... a través del tiempo, del universo. Que lo estamos viviendo.
Al menos, soy consciente de ello. De que existes. Eso es una esperanza a la que aferrarme.
Porque, aunque tardes mil vidas en volver a encontrarme, sé que estás ahí, que me buscas, como yo a ti. Que los hilos rojos del destino nos unen con más fuerza en la distancia.
Te siento. Cerca.
Quizá estés a punto de encontrarme.
Quizá ya me hayas encontrado y no me recuerdes.
Quizá me recuerdes, pero tengas miedo a arriesgarte.
Recuérdame. Despierta. No temas.
Te espero.
De una consonante.
Desde tus brazos
todo alrededor
se ve distinto.
Como si lazos
de rojo color
nos envolvieran en un laberinto.
Allí, donde solo existimos
Tú y Yo.